Me gusta el mundo de la empresa. Hace unos años tuve la oportunidad de coordinar un proyecto de creación de empresas en los sectores de la joyería y la madera en la provincia de Córdoba. Un proyecto financiado con fondos europeos para impulsar el autoempleo y la gestión empresarial en Andalucía, nuestra región tan castigada por el paro. Tras un período de formación y tutorización las alumnas (era un proyecto dirigido solamente para mujeres), se convertirían en empresarias.

Varios años y muchos euros después, solamente una minoría es la que sobrevive. Al hilo de esto, lo que un servidor pretende reflejar es mi experiencia propia, sobre los proyectos que he visto nacer, crecer y triunfar, y también sobre aquellos que ta pronto han arrancado, se han visto obligados a cerrar.

Mucho se ha escrito sobre la creación de empresas, gestión empresarial  y el emprendimiento. Numerosos manuales, guías, libros, conferencias, masters, etc… nos han invitado a reflexionar sobre ventajas e inconvenientes, bondades y riesgos de emprender una actividad empresarial, especialmente en los últimos años desde la llegada de la crisis en 2007.

No pretendo con mi blog ahondar en todo esto, sino contar mi punto de vista personal. Os invito a reflexionar sobre cuáles son las preguntas clave, y otras cuestiones que cualquier persona que se quiera lanzar a emprender una aventura empresarial, debería plantearse. Llevar a cabo una aventura empresarial es un camino duro, lleno de esfuerzo, dedicación, incertidumbre, riesgo, ilusiones y desilusiones.

Emprender no es hacerse autónomo

Emprender no es hacerte autónomo y que te puedan contratar como externo para que la empresa en cuestión no engorde sus gastos de personal. (Desde mi punto de vista, el autónomo, y especialmente en España, y permitidme que generalice, sobrevive como puede.) Pienso que emprender hay que tener una clara visión y un propósito de  hacer realidad el sueño que te apasiona. Goza de libertad, autonomía y pasión por su idea.

Y que hay que tener para ser emprendedor? Ahí está el tema. Todo el mundo no está capacitado para ser emprendedor, esto es fuente de frustraciones y ruina personal. Emprender ni siquiera consiste solamente en arrancar un proyecto empresarial por cuenta ajena. Uno puede ser emprendedor incluso en la empresa donde trabaje.

Bajo  mi punto de vista, hay que reunir muchas cualidades, que podemos agrupar en tres:

  • Habilidades Técnicas: Saber del negocio en el que te quieres embarcar. Parece difícil crear un empresa de diseño de Apps si no tienes los conocimientos informáticos, de diseño, comunicación, etc..
  • Habilidades Sociales: El emprendedor debe ser un Networker empedernido. Las personas necesitamos relacionarnos con los demás, estar continuamente en contacto con otras. El hombre es un animal social que desde sus orígenes ha vivido en comunidad.
  • Habilidades Personales: Conocimiento, honestidad, ética, autoconfianza y control de uno mismo, empatía, motivación, liderazgo, comunicación,…, son destrezas que el emprendedor debería desarrollar.

El cliente es el que más manda en tu empresa

El éxito de tu proyecto empresarial será directamente proporcional a las siguientes tres variables: la necesidad que exista de tu producto o servicio en el mercado, tu habilidad para producirlo o prestarlo y la dificultad que encuentre tu competencia a ocupar tu espacio.

Empecemos por el mercado, por tu cliente. Una idea de negocio no deja de ser una idea. Y una idea sin gestión no vale nada. Tu idea no te va a generar pasta por si sola si no se lleva al mercado y se vende (no nos olvidemos que aquí estamos para ganar pasta, quizá deberíamos haber comenzado recordando el objetivo que se plantea uno cada vez que arranca un proyecto de emprendimiento). Has de tener en cuenta que el valor de tu idea está directamente relacionado con el precio que el cliente esté dispuesto a pagar por él. Así de claro.

Si una cosa tenemos que tener clara cuando creamos una empresa es que  el que más manda es el cliente. El cliente es el que te debe de generar la caja suficiente para pagar las facturas a tus proveedores, a tus empleados, a hacienda, al banco, a los accionistas que te han prestado el dinero para arrancar, etc…, y por último a tí. (Además creo que en este orden, desafortunadamente para tí).

Por eso, desde mi punto de vista, el primer obstáculo que debe de sortear tu idea de negocio es la validación por parte del cliente. Por validación se entiende que SÍ responde a una necesidad real y que el mercado y SÍ está dispuesto a pagar por él). Es muy importante. Hay que saber que al cliente no le interesa tu solución si esta no resuelve SU problema o SU necesidad.

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Mis reflexiones

Las ideas que mejor funcionan son las que facilitan la vida y solucionan problemas claros y concretos a los clientes. En muchas ocasiones son muy simples, y que resuelven problemas a una masa crítica determinada. Esas ideas que cuando las ves en el mercado te dices a ti mismo “¿Cómo no se me había ocurrido esto antes a mí?”

En resumen, tu idea, esa que tantas vueltas le has dado por la cabeza, debe de llevarte a  reflexionar sobre lo siguiente:

  1. Donde están mis clientes? Quiénes son? Como llego hasta ellos y ellos hasta mí?
  2. Porqué el cliente va a comprarme a mí en lugar de a mis competidores?, es decir, ¿Qué valor voy a aportar al Mercado?
  3. Que capacidades tengo que desarrollar para mantener ese valor para mis clientes, es decir, cuáles son mis Factores Críticos de Éxito? En qué cosas no puedo fallar.

Dar respuesta a estas tres series de preguntas te debe de llevar tu tiempo. Hay que reflexionar y probar, preguntar volver a probar, acertar y fallar, volver a probar de nuevo,….en fín realizar un estudio de mercado real y objetivo. Pero esto ya será el contenido de sucesivos posts.