La gestión del proceso de cambio en la empresa.

El cambio forma parte de la vida de las personas. Del mismo modo, cualquier proceso de cambio es crítico también para la empresa. El éxito tras un proceso de cambio reside en la efectividad en que la empresa se adapta a los movimientos de todo aquello que le rodea.

El proceso de cambio en la vida de la langosta

La langosta marina es un animal muy particular. Cuando la langosta crece, debe mudar el duro caparazón que la recubre. Esta metamorfosis la realiza varias veces a lo largo de su vida.

Durante este proceso de cambio, precisamente cuando se desprende de su vieja armadura, es cuando se vuelve más vulnerable. El nuevo caparazón le llevará unas horas en endurecer. Es en este intervalo, durante este proceso de cambio y evolución, cuando está más débil.

Todo proceso de cambio lleva asociado un riesgo. Al igual que a la langosta, a la empresa no le queda más opción que pasar por ahí.

Cada vez que acaba un ciclo, llega el momento de cambiarle al caparazón a la empresa. A mi modo de ver, el caparazón, es decir, la protección que permite que la empresa sobreviva y crezca, está compuesta por estos cinco capas:

Clientes

Revisar el foco en los clientes. Desde mi punto de vista, el cliente es el que más manda. Es el que te mete el dinero en el bolsillo, paga las facturas y las nóminas a final de cada mes. La propuesta de valor que contenga tu proceso de cambio, debe de dar respuesta  clara a los problemas y necesidades de tu cliente.

De alguna manera, debes medir cual es el grado de aceptación de tu propuesta de valor, por parte del cliente. Es la primera variable que debemos analizar en cualquier proceso de cambio. Que el cambio no provoque un desenfoque.

Equipo

En tu proceso de cambio, debes tener un equipo alineado. Si importantes son los clientes, no se quedan atrás las personas. Dice Richard Branson que el elemento más importante de las empresas son las personas. Si las personas están contentas, cuidaran de tu cliente, y tu cliente cuidará de tus resultados.

Debemos de preguntarnos si el equipo con el que contamos es el óptimo para el nuevo ciclo que vamos a comenzar. Siempre he pensado que el desempeño de las personas en un puesto de trabajo es un producto de dos factores. Aptitud y actitud.

  • Aptitud: Se define Aptitud como la capacidad y el conocimiento para  desempeñar un trabajo específico. Tiene que ver tanto con los conocimientos técnicos necesarios para el puesto, como en las habilidades de saberlos aplicar. Todo conocimiento y habilidad añadido, suma. Su antónimo es la  ineptitud. Un inepto o incompetente es aquel que no reúne las competencias, conocimientos y habilidades para desempeñar un determinada aposición.
  • Actitud: Esta palabra expresa la voluntad, disponibilidad o forma de hacer un trabajo. Puedo relacionar una serie de características que debe tener una persona con una buena actitud (flexibilidad, capacidad de superación, optimismo, iniciativa, motivación, gestión del estrés, proactividad, etc…). Si la aptitud suma, la actitud multiplica.

Innovación

En pleno siglo XXI, con unos mercados cada vez más globalizados, donde cada vez hay más competencia,  el grado en sepas competir en tu mercado, va a determinar tu éxito final. Decía Jack Welch “si el ritmo de cambio de tu empresa es inferior al de tu entorno, el final está cerca”.

La inversión en innovación es la palanca que las empresas necesitan para ganar competitividad, es decir, para producir más y mejor lo que tus clientes te han dicho quieren. Cualquier proceso de cambio debe contener la palanca de la innovación. Innovar no consiste solamente en desarrollar patentes e invertir millones en I+D. Innovar consiste en hacer cosas diferentes, de una manera diferente  y buscando una mayor productividad (reduciendo costes) y, por supuesto,  sin perder de vista la propuesta de valor a tu cliente.

Nuevos procesos, nuevas herramientas, nuevas aplicaciones, nuevos productos, nuevos mercados, etc… , son ejemplos de innovación en una pequeña empresa.

Rentabilidad

La empresa necesita dinero para llevar a cabo su actividad. Para acometer cualquier proceso de cambio vamos a necesitar recursos. Para crecer necesitamos recursos.

Estos recursos deben de estar bien retribuidos si es que queremos que permanezcan. Es decir, una parte muy importante del éxito de cualquier proceso de cambio es el grado en que los accionistas estén bien retribuidos. Tengamos en cuenta que la retribución que ellos reciban es el precio que la empresa debe pagar para poder contar con su dinero.

No hablamos solamente de capital social, sino también de las reservas (beneficios acumulados). En la medida que una empresa pueda retribuir bien a sus accionistas, atraerá más capital que favorecerá el crecimiento. Es decir, hablamos de rentabilidad financiera.

Caja

La gestión de la caja es fundamental para no fallar respecto a nuestros compromisos y que el proceso de cambio sea exitoso. Cualquier decisión que se tome en la empresa va a afectar a la caja. El cobro de una factura a un cliente, el pago de incentivos a empleados, las inversiones en el desarrollo de un nuevo proceso o el pago de dividendos, son algunos ejemplos de cómo los otros 4 factores que hemos visto pueden afectar a la tesorería de la empresa.

Si afrontamos un proceso de cambio debemos revisar nuestra política de tesorería. El óptimo funcionamiento de la empresa depende de su grado de liquidez, ya que la liquidez alimenta la solvencia. La solvencia es la capacidad de responder de nuestros compromisos, en este caso a corto plazo.

A mi modo de ver, el responsable de la tesorería de la empresa debe conjugar dos factores: anticipación y control:

  • Anticipación para determinar con antelación el nivel de liquidez óptimo y necesario para cada día.
  • Control en referencia a la revisión y comprobación de los costes de nuestra financiación y que el nivel de caja que tenemos sea lo más eficiente posible

Conclusión

Para finalizar la lectura, hagamos repaso de los 5 ejes sobre los que pivotan la gestión del cambio. En un proceso de cambio intervienen cinco factores y en función del tipo de empresa, unos tendrán más peso que otro: los clientes, el equipo humano, la innovación, rentabilidad y la caja.