Cómo aplicar las cuatro virtudes cardinales a la gestión de empresas

Hace algún tiempo, invitado por mis amigos José María Villalta y Carlos González Olmedo, estuve con mi mujer en una conferencia sobre las cuatro virtudes cardinales. La impartía el teólogo y profesor de la universidad de Navarra Don Juan Luis Lorda . La conferencia trataba sobre las cuatro virtudes que debe tener todo individuo para alcanzar la perfección.

Fueron los griegos los que, a través de cultivar estas cuatro virtudes, consideraban que se podría alcanzar la calificación del buen ciudadano, bueno y útil y perfecto. Y fue escuchando la conferencia cuando se me ocurrió aplicar las bondades de las virtudes cardinales a lo mío, que es la gestión y a esto del management.

Las cuatro virtudes cardinales son las siguientes: La justicia, la templanza, la prudencia y la fortaleza. Acudiendo a la RAE, obtenemos:

  • Justicia: Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
  • Prudencia: 1.) Templanza, cautela, moderación. 2.) Sensatez, buen juicio.
  • Fortaleza: Fuerza y vigor.
  • Templanza: Moderación, sobriedad y continencia.

Cual es el objetivo de las empresas

Cuando me preguntan cuál es el objetivo de las empresas siempre digo lo mismo. Mi opinión es que el objetivo de las empresas es ganar dinero de una manera sostenible. Por lo tanto, vamos ver cómo puede contribuir cada una de las cuatro virtudes a la gestión de empresas.

Desde la óptica de los griegos, sería que nuestra empresa alcance la consideración de buena empresa (rentable y solvente), útil (eficaz en el cumplimiento de sus objetivos desde el punto de vista de su aportación a la sociedad ) y perfecta (perfectamente alineada sus intereses con los del resto de sus grupos de interés o stakeholders):

Empresa Justa:

Mirando hacia fuera, una empresa justa sería aquella que devuelve a la sociedad todo aquello que la sociedad nos aporta. La empresa no está aislada, forma parte de un ecosistema. La empresa como parte de este conglomerado, se beneficia de las sinergias con el resto de agentes. La consecuencia es que nos llegan las oportunidades en forma de oportunidad de negocio.

Mirando hacia dentro, una empresa justa sería aquella que otorga a cada uno aquello que le corresponde. En sentido amplio.

Ser ético con los proveedores y respectar los compromisos adquiridos y ser justo con los clientes y corresponder con lo que le estamos vendiendo. Ser equilibrado con los empleados y colaboradores. Respetar la igualdad de oportunidades y no tener varias varas de medir.

Calibrar las responsabilidades de nuestro equipo y ser objetivo con todos y cada uno. Obrar en consecuencia y de forma proporcionada a la hora de apercibir o recompensar.

También hay que ser justo con el accionista. El accionista está con nosotros porque quiere una rentabilidad, y debemos corresponder.

Empresa Prudente:

La sensatez y el buen juicio, yo personalmente, lo asemejo a saber en cada momento lo que hay que hacer. Para mí esto es tener foco. La imprudencia sería intentar abarcar mas de la cuenta o atacar clientes y mercados que no son los nuestros, con el consiguiente perdida de esfuerzos y recursos.

Cada empresa tiene unos recursos y unas capacidades que debe de saber explotar para triunfar en el mercado. Esos recursos y capacidades tienen que estar orientados en función de nuestra estrategia ( por ejemplo, hacia un segmento determinado, bien a unos procesos optimizados o bien hacia la especialización si hablamos de las estrategias genéricas de Porter).

Yo soy de los que piensan que no puedes contentar a todo el mundo, toda empresa tiene su hueco, su mercado. Simplemente hay que ser bueno en lo que se es bueno y tener foco.

Empresa Fuerte:

La fuerza bien entendida nos daría la energía y el vigor para no desfallecer, para llevarnos a ese siguiente paso que muchas veces no somos capaces de dar.  Esa resiliencia que ahora está de moda, estaría alimentada por la fuerza, especialmente por la fuerza de voluntad.

La vida de la empresa está repleta de obstáculos, de situaciones difíciles donde la toma de decisiones se convierte en una auténtica tortura. Muchas veces no vemos la salida, una solución.

Empresa Templada:

La templanza sería la cuarta de las virtudes de la gestión de empresas. La empresa nace con un propósito, que es el objetivo último hacia donde la empresa se debe encaminar y no debemos salirnos de ahí.

Como hemos dicho antes, vendrán obstáculos y dificultades. Esto es parte del juego. La empresa templada es aquella que sabe cuál es su objetivo, que lo tiene claro y no se deja manipular por oportunidades ficticias que puedan aparecer en el día a día de la empresa. Que trabaja y opera sobre su visión y sobre sus valores. Que permanece atenta al entono y es lo suficientemente flexible para adaptarse a él, pero sin perder su razón de ser.

Feliz verano!